lunes, 16 de noviembre de 2009

PATRICK KEARNEY "EL ASESINO DE LAS BOLSAS DE BASURA" (ESTADOS UNIDOS)

Biografia:
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El asesino de las bolsas de basura.
Aproximadamente a las 5:30 de la tarde, el Domingo 13 de marzo de 1977, John LaMay le dijo a uno de sus vecinos que iría a Redondo Beach a verse con un amigo que había conocido en el gimnasio de Los Angeles al que solía ir. Cuando John no apareció en su casa esa noche ni al día siguiente, su madre llamó a la policía, diciendo que estaba segura de que algo le había sucedido, que su hijo no solía desaparecer así como así. La Policía lo anotó todo, pero para ellos estaba claro que se trataba de otro adolescente que huía de su casa, como tantos.
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Cinco días después, el 18 de marzo, los restos de John LaMay, quien era homosexual, fueron descubiertos cerca de una carretera al sur de la población de Corona. Había sido cuidadosamente desmembrado, todas las partes corporales perfectamente lavadas y drenadas de sangre y cuidadosamente empacadas en cinco bolsas de basura industrial. Cada bolsa fue cuidadosamente sellada con cinta de nylon, y tres de las bolsas habían sido metidas en un tanque de 80 galones, las otras dos estaban en el suelo, cerca del recipiente. No encontraron la cabeza del chico por ninguna parte, pero una marca de nacimiento claramente lo identificaba como John LaMay.
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La década de los 70’s fue una época confusa en lo que a las cuestiones de libertad sexual se refiere, particularmente para los individuos gays. Sin restricciones, el sexo entre personas del mismo género se salió un poco de control, antes de que las aguas se calmaran un poco y retomara el lugar que le correspondía. Se volvieron populares los baños y salas de masajes para gays, los bares gays, el sexo anónimo en parques y baños públicos. California, y en especial San Francisco, eran vistos como “La Meca” de la naciente y aún inmadura cultura gay. Los chicos huían de casa y muchas veces regresaban, pero a veces esto no sucedía, dejando muchas tumbas sin nombre y a cientos o miles de familias desoladas. Según el psicólogo de Berkeley Michael Evans: “Los homosexuales son una población fácil de abordar de una forma anónima”.
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Asesinos seriales de gays
Aunque los homosexuales constituyen solamente el 5 por ciento de los asesinos seriales, tienden a matar a mayor número de presas que sus contrapartes heterosexuales, y también cometen sus crímenes de manera más terrorífica, llegando a extremos increíbles de tortura, mutilación y que tienen cierta predilección por el desmembramiento.
De acuerdo al escritor Harold Schechter autor de "The Serial Killer Files", los asesinos seriales gay son más sádicos probablemente debido a la homofobia de la sociedad estadounidense, lo cual hace que los hombres gays crezcan con profundos sentimientos de haber sido abusados, con odio y, tal vez, con una homofobia oculta dentro de sí mismos, ya que la sociedad los enseña a auto-odiarse por ser diferentes. Y cuando estos sentimientos se combinan con la anormal personalidad psicopática de un asesino serial, los resultados pueden ser escalofriantes.
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Patrick Kearney
Patrick Kearney nació en Texas en 1940, y era el más pequeño de tres hijos. Era delgado, tímido, enfermizo y un blanco fácil de los abusivos “bullies” (esos chicos que se divierten molestando a los más débiles).
Para cuando Patrick tenía 8 años de edad, sabía que terminaría matando gente y cuando era un adolescente ridiculizado y rechazado, fantaseaba todo el tiempo en torno a la muerte. Sus fantasías eran muy detalladas.
Comenzó a ir a Tijuana (México) y San Diego y recogía chicos en bares, paradas de autobús, lugares donde los gays se congregaban buscando sexo rápido entre los arbustos. Eran fáciles de hallar, fáciles de matar y fáciles de llevar a un paraje abandonado en el desierto.
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En su vida pública, Kearney parecía perfectamente normal. Estuvo un corto tiempo en la armada e incluso se caso, aunque ninguna de esas dos situaciones duró por mucho tiempo.
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David Douglas Hill
En 1962, Kearney conoció a David Douglas Hill. Estaba casado y era un veterano de guerra, que medía casi 1.90 metros. Cuando conoció a Patrick, Hill, quien también era homosexual, se divorció y se mudó con él. Patrick consiguió un buen trabajo como ingeniero en aeronáutica y Douglas se quedaba en casa, ocupándose de las labores domésticas.
La vida en pareja fue difícil y tumultuosa. Tenían constantes peleas (provocadas por los celos de Kearney) y Hill solía irse un tiempo, o escaparse para tener una aventura, pero siempre regresaba a casa.
Un día, Hill tardó demasiado en regresar y aquello fue la gota que derramó el vaso. Kearney sabía que sólo una cosa podría calmar aquellos sentimientos de rabia y de ira deprimida: Matar.
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Patrick tenía un Volkswagen (un “escarabajo”) y solía recoger chicos que pedían aventón en las carreteras. Siendo débil y delgado, tenía un método seguro para subyugar a sus víctimas: Les disparaba en la cabeza con una pistola calibre .22. Lo hacía sin la menor advertencia, a veces mientras iba manejando, cuidando de no pasarse del límite de velocidad y sujetando el volante con la mano izquierda. Después, conducía hasta hallar un lugar privado donde poder descargar sus frustraciones, ventilar su rabia y demostrar su poder. Tan pronto como se encontraba a solas con los cuerpos, los desvestía y tenía sexo con ellos. Después usaba un hacha para cortarlos en pedazos. Si estaba en casa, hacía todo esto en el baño, lavando cuidadosamente cada parte del cuerpo y extrayéndole la sangre.
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Su inspiracion: Dean Corll
Aprendió todo esto leyendo sobre los notorios y publicitados crímenes de Dean Corll, quien asesinó a 17 jóvenes en Houston, los envolvía en bolsas de basura y los quemaba. Kearney estudió a fondo los crímenes de Corll y coleccionaba recortes de periódicos acerca de las noticias de sus “hazañas” criminales hasta que éstas cesaron violentamente cuando uno de sus cómplices mató a Corll con su propia pistola
Muchas de las víctimas de Kearney se parecían a aquellas que se habían mofado de él en sus años de adolescencia. Rubios y arrogantes. A veces, después de matarlos y de tener sexo con los cadáveres, los golpeaba salvajemente.
El problema de los copycats.
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La policía tenía un gran problema entre manos ya que al mismo tiempo había varios asesinos de gays sueltos en la misma región, y no estaban seguros de cuántos eran y de quiénes copiaban los métodos del otro. Había algunos cuyo modus operandi era inconfundible, como Randy Kraft, quien de forma rutinaria recogía a chicos que pedían aventón, los drogaba, los torturaba por horas y terminaba castrándolos y metiéndoles lo que tuviera a la mano (el palo de una escoba, la rama de un árbol, un poste, los propios genitales de la víctima o incluso ropa) en el recto. Usualmente hacía esto cuando la víctima estaba todavía viva y gritando.
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Pero un asesino se distinguió entre los otros por el cuidadoso desmembramiento de las víctimas, la limpieza a la que sometía las partes corporales y la forma tan metódica en que las metía en las bolsas. La prensa le llamó “los asesinatos de las bolsas de basura” mientras que los policías les llamaban los asesinatos “fag in a bag” (marica en una bolsa).
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Dado que John LaMay había dicho a su vecino que iría a visitar a alguien llamado Dave en la zona de Redondo Beach, la policía comparó esta información con un nombre que frecuentemente aparecía en las pintas de los baños gays, y pronto estaban tocando en la modesta casa de Kearney. Él los recibió bien y parecía relajado, preocupado acerca de la desaparición del chico. Su aspecto era completamente inocente. Los investigadores tomaron algunas fibras de la alfombra, porque en el primer asesinato se habían encontrado fibras en la cinta de nylon usada para sellar las bolsas.
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Tan pronto como se fue la policía, Kearney destruyó sus archivos acerca de Dean Corll. La policía regresó y pidió muestras del vello púbico de Kearney y de Hill, así como cabellos de su perro. Ambos cooperaron completamente.
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Todas las fibras y el vello concordaban con la evidencia recolectada del cuerpo de LaMay, pero cuando la policía regresó, ya no los encontraron. Registraron la casa y hallaron un hacha con manchas frescas de sangre y carne que pertenecía a LaMay, así como sangre residual en el baño. También encontraron rollos de cinta de nylon y bolsas de basura idénticas a las que se usaban en los crímenes, que para entonces sumaban más de 20.
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Kearney y Hill huyeron a El Paso, Texas, pero sabían que su arresto era sólo cuestión de tiempo pues se había armado toda una “campaña publicitaria” para atraparlos. Poco tiempo después regresaron a California y el 1° de julio de 1977, a la 1:30pm, entraron a la oficina del sheriff del condado de Riverside, apuntaron al cartel de “Se Buscan” y dijeron “Somos ellos”.
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Fueron apresados como sospechosos de dos asesinatos, mientras se reunían las evidencias para imputarles seis más. La fianza se fijó en 500,000 dólares.
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Kearney cooperó totalmente con la policía. Dijo que los asesinatos lo excitaban y le daban la sensación de dominio. La idea de lastimar y matar a alguien le sonaba sexualmente excitante. Explicó que usaba toallas para evitar que la sangre de las víctimas se escurriera antes de desmembrarlos. Lo dijo todo, hasta el más mínimo detalle.
Según Kearney, sus crímenes habían comenzado a mediados de los 60s, en Tijuana y San Diego. Los llevó a los sitios donde había enterrado a una de sus primeras víctimas. El crimen había sido cometido a finales de 1968. Los policías escarbaron donde les indicó Kearney y hallaron un esqueleto con un orificio de bala en la cabeza.
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Kearney escribió cartas a la policía, detallando los crímenes, los nombres de las víctimas y los lugares donde podían encontrar los cuerpos. Contó que en una ocasión se le ponchó una llanta cuando se dirigía al desierto a dejar uno de los cuerpos, y la llanta de refacción también estaba desinflada, así que llamó a una grúa para que llevaran el auto a una estación de servicio y estuvo sudando la gota gorda mientras reparaban el neumático. Curiosamente, nadie le preguntó sobre las bolsas que se hallaban en el asiento trasero, las cuales contenían brazos, piernas, un tórax y algunos intestinos. En otra ocasión, dejó las llaves dentro del auto mientras inspeccionaba sitios para disponer de los cuerpos y le tomó horas abrir el auto con un gancho para ropa, mientras el cuerpo estaba en el asiento trasero
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Hill fue liberado, ya que no existía evidencia de que hubiera participado en los crímenes, y que la evidencia lo exoneraba. Kearney confirmó que Hill no tuvo nada qué ver en los crímenes, y que ni siquiera sabía de ellos. Cometía los homicidios siempre que Hill estaba fuera.
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Contra el consejo de su abogado, Kearney cambió su declaración de no culpable a culpable. El abogado quería intentar una defensa por insania (locura), pero Kearney se declaró inmediatamente culpable de los tres primeros cargos en un intento de evadir la pena de muerte, y pidió ser sentenciado inmediatamente. No había necesidad, ya que la pena de muerte entró en efecto en California en agosto de 1977 y todos los crímenes de Kearney eran anteriores a esa fecha.
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El juez lo condenó a cadena perpetua, con la posibilidad de salir bajo palabra en 7 años, aunque dijo: “El defendido ciertamente ha perpetrado una serie de espantosos y horrendos crímenes. Sólo me queda esperar que el comité de liberación de la comunidad nunca le dé la libertad a Mr. Kearney. Es un insulto para la humanidad”.
Poco a poco los crímenes que se le imputaban fueron creciendo en número, hasta que acumuló 21 sentencias de cadena perpetua.
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Si las confesiones de Kearney son verdaderas, sólo asesinó a dos niños, de 5 y 8 años de edad, cuyos cuerpos nunca fueron recuperados. Al menos siete de sus víctimas no han sido identificadas hasta el momento.
Actualmente Kearney se encuentra cumpliendo su condena en California. Escribe ensayos y algunos de ellos han sido publicados.
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Aunque los crímenes de Kearney son tan horrendos y brutales como los de otros asesinos seriales, nunca ha tenido el estatus del que disfrutan (o disfrutaron) otros homicidas, pero muchos estudiosos del tema lo consideran uno de los peores monstruos que ha producido la humanidad en toda su historia.

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